El sabio.

-¡Tengo un sabio, un sabio!

-¿Qué es eso?

-¿No sabes que es un sabio?

-No.

-Pues es un gusano que lo sabe todo.

-A ver, muéstranos.

-Es gordo. ¿Rojo o café?, ¡caferrojizo!

-Pregúntenle.

-¿Cómo me llamo?

-Boba, él no habla, ¿en que mundo vives?

-¿Y entonces como sabemos que lo saben todo?

-Señalan. Los sabios señalan.

-¿Quién es Corina?… Se ha girado, se ha girado, si sabe. ¿Donde esta Lina? ¡Otra vez!, ¿Lo has entrenado?

-¿Cómo?, ¿Cómo lo habría podido  entrenar?

-Son sabios enserio, ¿Dónde vivo?… ¿Pero cómo hacen?

-Tal vez es porque no viven como nosotros.

-Es por eso, si.

 

Como agua

A ti, solo a ti quisiera decir tantas cosas, quisiera tener el valor de no volver a verte, fui una estúpida al confiar tanto en vos, a tantos habrás regado el cuento, yo andando inocente de todo y seguramente para más de uno soy una pobre idiota, tú y tu ego, tu maldito ego que en todo te ciega, te deja cometer imprudencias, criticas sin que te importen, ya ni sé, ya ni quiero saber, ya lo hiciste, lo hecho, hecho está, coge esa carta y rómpela porque mi amor se ha ido con la señal que me hizo ver tu verdad, que me relató que eres de las primeras personas de las que en verdad me tenia que desencantar en la vida, de las cuales tendría profunda decepción, porque yo, creo, no me merecía lo que hiciste y aún no se si decirte cuanta culpa tienes o simplemente dejarte ir, sin decirte alguna vez lo que en verdad haces tan mal, que a tantos implica y perjudica, tú no has entendido y a mi llamada te has hecho la confusa porque hablé con tu ego, no contigo. Tranquila, no eres la única, de parte de mi familia saldría aún más desencantada cada día de visita en el hospital o en casa, siempre me preguntaré como se puede hacer de cuenta que uno no tiene un hermano o un amigo que ha sido incondicional, como se puede en la vida olvidar tan rápido, pasarla vacía, como un trago de agua, sin que te importe nada, excepto tu mismo, como lograr levantarse un día sin querer saber de alguien con quien has compartido tanto. Aunque sé que es posible, porque a tantos y tantas he echado de mi vida y me ha importado nada, así me pasará contigo, lo sé de antemano. Mi cuerpo se niega a responder, prefiere no pensar y por eso esta tan mal, tan decaído, tan triste, todo perjudicado, todo rojo, explotando a cada tanto porque tiene mucho que sacar, alguna manera ha encontrado para demostrarme que es preciso hacerlo; ya te he llamado, he empezado por ahí, lo demás me lo tragaré amargamente mientras me duermo viendo cine social para seguir sin creer en nada, que últimamente ni un comercial puedo ver, nada, de nada quiero saber, de nada sobre esta humanidad tan inhumana, tan porquería, tan desagradecida y egocentrista. Tan llenos de nada.

Salsa

Odio la Av.19. La detesto y ya casi la dibujo de memoria, que desgracia la mía. La odio porque me acuerda del día que volvíamos de ver Batman y nuestras manos no se habían soltado en tres horas, íbamos de regreso en el carro de mis padres, ellos te cuidaban porque deseaban que volvieras sano a hacerme feliz y tu no dejabas de besarme en al parte trasera del auto, me abrazaste fuerte y me dijiste al oído que me agradecías por todo lo de ese día, no soltabas mi mano y la apretabas cada vez más, luego dirías que era porque no me querías dejar ir, sí, días después de encajarme en la frase de Valéry, semanas después de forzarme a ver una película con la fuerza de la vida en ella, en lo que tanto creo, yo tímidamente te miraba y miraba a mis padres, suplicándote que no hicieras ello frente a ellos, porque lo interpretarían como yo -y el mundo alrededor- lo estaba haciendo y luego tendría, como fue el caso, que soportar que me pidieran una respuesta sobre lo que ni yo misma entendía, a mi , en cambio, Lacuna inc. no me funcionó, tu ya estas en otro son y yo sigo en la salsa, la salsa chistosa. Ya le habré de pegar a ese portero para que no me sonria como tú, y a la vida la seguiré ignorando, que se vaya a la mierda con sus señales diarias. Que no se noté que amé a Caicedo. Que no se note que no hubo final. Ya inventaré yo el mío.

Padre

Me dirijo a tu alcoba entre ese olor de hospital que todo lo marea y corta a mitad, dejando la cabeza confundida y las piernas lentas, aseguro el paso, debo llegar porque de seguro me necesitas, pero advierto que ha llegado una enfermera, tu esposa y su hijo. Pides sentarte, estas harto de esa cama que tan mal se ajusta a tu cuerpo transformado, pesas demasiado, tocarte es como tocar una bolsa de agua muy llena, a punta de explotar, los dedos se hunden y dejan huella por largo tiempo, los moretones se han calmado ya gracias a un crema que solo mi madre sabe quien te dio, malditos negros que han arrasado con tu blancura, y ahora que estás aún más pálido, tanto que se te suben los años a cada vista. Nos preparamos, quieres sentarte, repites, te sentamos sobre la cama a fuerza de mi hermano, ahora fuerza de tres pares de brazos y te nos caes por un momento, cada una de tus piernas son mis dos piernas juntas y tu desaliento no te deja actuar, gritas, te preocupas, te ponemos otra vez sobre la cama, nos hemos asustado también pero primero hay que calmarte, que no te agites es importante, intentamos otra vez, lo logramos a fuerza de cuatro pares de brazos, yo me siento tan inútil, hay parada, viendo todo y sin ayudar, te has sentado, sobre tus piernas descubiertas y el pañal que te cubre posará la cobija, la cicatriz de la operación reluce y mamá cierra pronto el camisón para perderla de vista. Serán unas dos horas después que volveremos a intentar. Hay que dormir.

Porquería

Sentada en la mesa intentaba seguir tus palabras, tus gestos y movimientos con tus manos me hacían ver que era algo importante lo que decías, apenas alcanzaba a oír como un hombre que te quiere desde hace tanto había intentado estar contigo, yo llevaba en mi mente un libro que no he podido dejar, uno colombiano, bello, que apenas te supera en historias pero te elimina en narrativa, menos egocéntrico y más amigable; seguías diciendo algo sobre él y tú, sentados, creo, o acostados, mejor, en la sala de tu casa y yo seguía pareciendo como que te prestaba atención, asentía y me miraba en tus ojos interesados en saber mi opinión de este hombre que no logró concretar según harían todas una cara de decepción y compasión para con él, yo estaba todavía en mi libro, leyendo, otra vez, lo que había leído ese día, releyendo y pasando saliva para no decirte lo poco que me interesa de lo que hablas, lo mucho que me quiero ir y lo sola que quiero estar, aquí sentada solo por una persona más que esperaba ver, con un hambre que ya he logrado saciar a punta de un pollo apenas cocido, he tenido que aguantarte y me siento como una porquería, por no decir, por disimular, más que ese hombre, creo yo, ese pobre hombre que se habrá de sentir así.