Porquería

Sentada en la mesa intentaba seguir tus palabras, tus gestos y movimientos con tus manos me hacían ver que era algo importante lo que decías, apenas alcanzaba a oír como un hombre que te quiere desde hace tanto había intentado estar contigo, yo llevaba en mi mente un libro que no he podido dejar, uno colombiano, bello, que apenas te supera en historias pero te elimina en narrativa, menos egocéntrico y más amigable; seguías diciendo algo sobre él y tú, sentados, creo, o acostados, mejor, en la sala de tu casa y yo seguía pareciendo como que te prestaba atención, asentía y me miraba en tus ojos interesados en saber mi opinión de este hombre que no logró concretar según harían todas una cara de decepción y compasión para con él, yo estaba todavía en mi libro, leyendo, otra vez, lo que había leído ese día, releyendo y pasando saliva para no decirte lo poco que me interesa de lo que hablas, lo mucho que me quiero ir y lo sola que quiero estar, aquí sentada solo por una persona más que esperaba ver, con un hambre que ya he logrado saciar a punta de un pollo apenas cocido, he tenido que aguantarte y me siento como una porquería, por no decir, por disimular, más que ese hombre, creo yo, ese pobre hombre que se habrá de sentir así.

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